Viajar a Galicia entre octubre y marzo no es lo mismo que hacerlo en agosto, y no solo por el tiempo. Los precios bajan, los miradores se disfrutan sin agobios y algunos restaurantes cambian de horario. La luz se acorta de forma notable: a finales de diciembre anochece antes de las seis de la tarde, así que conviene planificar las rutas largas para la mañana.
En las Rías Baixas, la ría de Arousa y la península de O Grove siguen funcionando bien en invierno. Los barcos de marisqueo salen casi a diario y las lonjas de Cambados o Vilanova mantienen actividad. Ojo con los chiringuitos de playa: muchos cierran tras el puente de octubre. En su lugar, los restaurantes del casco antiguo abren con horarios más cortos, sobre todo a mediodía.
Costa da Morte: viento y reservas
La Costa da Morte es espectacular en invierno, pero el viento obliga a reservar con antelación las visitas guiadas al faro de Fisterra y al cabo Vilán. Las rutas de senderismo por Muxía o Lires pueden cerrarse por temporal. Lleva chubasquero y calzado impermeable: la lluvia aparece y desaparece en cuestión de minutos.
Ribeira Sacra con coche
La Ribeira Sacra se organiza mejor con coche propio. Los miradores de Souto Chao o Balcones de Madrid quedan lejos del transporte público y las carreteras de montaña exigen paciencia. En invierno hay menos catas abiertas en las bodegas, pero también menos grupos. Conviene llamar antes para confirmar horarios.
Transporte y ropa
Entre Vigo, Santiago y A Coruña los trenes regionales funcionan con normalidad, aunque con menos frecuencias que en verano. Para llegar a la Ribeira Sacra lo más práctico es combinar tren hasta Ourense y alquilar un coche allí. En cuanto a la ropa, capas finas, cortavientos y un calzado que aguante barro son más útiles que un abrigo grueso.